El Super Bowl LX no es sólo el partido de fútbol americano más visto del año en Estados Unidos: su espectáculo del medio tiempo se convirtió en un fenómeno cultural global, con audiencias televisivas que superan los 100 millones de espectadores y marcas dispuestas a pagar fortunas por estar presentes.
Para el medio tiempo de este domingo en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, la elección de Bad Bunny como artista principal del show generó conversación, entusiasmo y también polémica.
Un escenario global para un artista global
Tras ganar el Grammy más importante de la noche a Álbum del año por su proyecto “Debí Tirar Más Fotos” el cantante es quien llevará adelante el show de medio tiempo. Bad Bunny, nacido en Puerto Rico, es uno de los artistas latinos más influyentes de los últimos años, con récords de streaming, giras mundiales sold out y una presencia cultural que trasciende la música urbana. Su confirmación como el protagonista del espectáculo del medio tiempo no sólo es un reconocimiento a su impacto, sino una señal clara de cómo cambió la industria musical y el mercado del entretenimiento en Estados Unidos.

Según expertos en comunicación y cultura popular, poner a un artista que canta principalmente en español en el centro de uno de los eventos televisivos más vistos del año envía un mensaje potente: “la música latina y la identidad latina están en el corazón de la cultura pop estadounidense, no relegadas a nichos o audiencias secundarias”.
Cultura, representación y mercado
La era del streaming global diluyó fronteras tradicionales de la música.
Bad Bunny domina plataformas como Spotify y YouTube, su música tiene millones de oyentes en mercados tanto de habla hispana, y su éxito comercial es equivalente al de cualquier superestrella global. Esto convierte su participación en el Super Bowl no sólo en un logro artístico, sino también en un fenómeno económico; por ejemplo, tras el anuncio de su participación sus reproducciones en plataformas digitales en Estados Unidos aumentaron considerablemente.
Además, su presencia en un espectáculo de tal magnitud obliga a marcas, medios y audiencias a reconsiderar cómo se define lo “mainstream” en la música.
Política, inmigrantes y violencia
La elección de Bad Bunny también fue un punto de debate político y cultural. Figuras conservadoras en Estados Unidos criticaron la decisión de la NFL, en parte debido a la lengua del artista y a su postura sobre temas como la política migratoria.
Detrás de las críticas hay un contexto social más amplio sobre identidad, diversidad y participación de comunidades latinas en espacios culturales tradicionales del mainstream estadounidense.
La actuación de Bad Bunny se enmarca en un contexto político tenso en Estados Unidos, especialmente en torno a la inmigración. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) estuvo en el centro de debates controvertidos por redadas, detenciones y deportaciones, particularmente bajo políticas promovidas por la administración de Donald Trump.

Bad Bunny había evitado incluir fechas en la parte continental de Estados Unidos en su gira mundial debido a preocupaciones de que las redadas del ICE pudieran afectar a sus fans latinos, muchos de los cuales son inmigrantes o tienen familia inmigrante. Esa decisión llamó la atención y alimentó el discurso de sectores conservadores que ven su música y postura como “política”.
El propio Donald Trump habló públicamente para criticar la elección de Bad Bunny como artista principal del show de medio tiempo, calificándola de “absolutamente ridícula” y afirmando no conocer al artista.
Más allá del espectáculo: un momento cultural
El Super Bowl fue y es un momento donde convergen deportes, entretenimiento y cultura popular.
Artistas como Beyoncé, Lady Gaga, Shakira o The Weeknd marcaron momentos imborrables en años anteriores. La participación de Bad Bunny en 2026 representa una continuación de esa tradición.
Por Javier Colomer




