Lo que comenzó como una conversación entre dos hermanas que no encontraban ropa con la que se sintieran identificadas en Villa Allende terminó convirtiéndose en una de las marcas de moda más reconocidas de Córdoba. Lucía y Camila Arévalo fundaron Cler en 2018 sin capital, con muebles comprados de segunda mano y el apoyo de toda su familia.
Ocho años después, la marca cuenta con locales en Villa Allende y Nueva Córdoba, un fuerte crecimiento en e-commerce y una nueva unidad de negocio, Cler Lab, desde donde realizan el estilismo de Q’ Lokura, una de las bandas de cuarteto más populares del país.
En diálogo con Revista Ocio, las emprendedoras repasaron el camino recorrido, hablaron de los desafíos de emprender en Argentina y revelaron cómo pasaron de vender ropa en Instagram a preparar los looks que llegan al escenario del Movistar Arena.

Un sueño que nació en familia
La idea surgió a partir de una necesidad cotidiana. “Siempre íbamos a comprar ropa a Nueva Córdoba o a Urca y pensábamos: ‘No hay nadie que abastezca esta zona’. Ahí empezó a tomar forma Cler”, recordó Lucía.
Sin dinero para invertir, la oportunidad apareció cuando quedó disponible un pequeño local. “No teníamos recursos. Lo que menos teníamos era plata. Pero la idea siempre estuvo fija”.
El proyecto se convirtió en un emprendimiento familiar. Sus padres construyeron mostradores, pusieron carteles y ayudaron a acondicionar el negocio, mientras que el mobiliario fue adquirido completamente de segunda mano.

“Nuestra mamá siempre fue muy comerciante y emprendedora. Ella fue la que siempre nos impulsó. A nosotras la moda nos apasiona desde chicas”, contó Camila.
La inauguración fue un éxito inesperado. “Las etiquetas tenían los nombres de nuestras amigas porque les decíamos que no se llevaran toda la ropa… ¡Nos vaciaron el local el primer día!”
La pandemia que terminó impulsando el crecimiento
Cuando finalmente ambas dejaron sus trabajos para dedicarse por completo al emprendimiento, llegó la pandemia. Lejos de detenerse, aprovecharon el stock que tenían y comenzaron a vender por internet, cuando las compras online todavía no estaban completamente instaladas.
“En ese momento Instagram era nuestra vidriera. Yo me ponía la ropa en el local, la Cami me sacaba las fotos y hacíamos todo nosotras”, expresó Lucía.
Desde el living de su casa armaban pedidos, preparaban paquetes y realizaban los envíos. “Nos encerramos a hacer contenido todo el día. Cuando vendíamos, preparábamos los pedidos nosotras mismas”.

Apostar en el momento más difícil
Mientras todo el país empezaba a salir del aislamiento, las hermanas decidieron asumir el mayor riesgo de su carrera. Dejaron su pequeño local para mudarse a una esquina mucho más grande en Villa Allende, aunque todavía existían restricciones y apenas podían abrir unas pocas horas por día.
“Plata y miedo nunca tuvimos. Dijimos: ‘Chau, nos mudamos’.” La apuesta funcionó. Con el nuevo espacio crecieron las ventas, aumentaron los seguidores en redes sociales y Cler comenzó a consolidarse como una referencia de la moda cordobesa.
El desafío de conquistar Nueva Córdoba
En 2022 llegó una nueva apuesta: abrir una sucursal en Nueva Córdoba. Aunque sabían que era un público completamente distinto, decidieron avanzar.
“Aprendimos realmente lo que significa delegar. No podíamos estar físicamente en los dos locales todo el tiempo”, contaron.

Para ellas, el crecimiento hubiera sido imposible sin el equipo que formaron. “Tenemos chicas que trabajan con nosotras hace años y realmente hacen la diferencia. Nos permiten estar tranquilas”, agradecieron las hermanas.
Cler Men: un proyecto que enseñó cuándo frenar
Tiempo después abrieron Cler Men, una propuesta destinada al público masculino. La idea surgió al detectar otra necesidad del mercado: ofrecer ropa para hombres fuera del circuito tradicional de los shoppings.
Sin embargo, el crecimiento del e-commerce y un nuevo desafío profesional hicieron que debieran replantear prioridades. “Llegó un momento en el que ya no teníamos vida. Trabajábamos hasta los domingos. También como emprendedoras aprendimos que saber frenar forma parte del crecimiento”, dijo Camila.
Lejos de considerar el cierre como un fracaso, lo transformaron en una oportunidad. El espacio fue remodelado para ampliar la tienda de Villa Allende, incorporar oficinas para el comercio electrónico y crear una experiencia más completa para los clientes.
“Queríamos que la gente entrara y sintiera que estaba en un local de shopping. Ahora vamos a sumar incluso un sector de café”, adelantaron.

Cómo pasaron de vestir clientes a vestir a Q’ Lokura
El gran giro llegó casi por casualidad. Las hermanas enviaron algunos looks de Cler Men a los integrantes de Q’ Lokura sin imaginar lo que sucedería después.
Facundo “El Chino” Herrera le gustó la ropa que las chicas le ofrecían y las convocó para asesorarlo. “Él quería que su ropa comunicara quién era arriba del escenario”. Ese primer asesoramiento terminó convirtiéndose en un trabajo permanente.
Con el nacimiento de Cler Lab, comenzaron a encargarse del estilismo completo de los integrantes del grupo. “Ellos confían 100% en nosotras. Llegan al Movistar Arena y muchas veces ni saben qué se van a poner”.
Detrás de cada look hay horas de trabajo
Preparar el vestuario para artistas implica mucho más que elegir una campera o un pantalón. Cada prenda se adapta especialmente para soportar recitales de tres horas bajo luces, calor y un intenso movimiento sobre el escenario.
“Compramos las prendas, las adaptamos, les agregamos piedras, tenemos opciones B por si pasa algo minutos antes del show.”
Uno de los momentos más emotivos fue el décimo Movistar Arena de Q’ Lokura. “Cuando los vimos salir al escenario explotamos en llanto. Ahí dimensionamos todo lo que habíamos recorrido.”

También recuerdan con cariño los looks del primer Movistar del año, donde escondieron mensajes enviados por las fanáticas dentro del forro de las prendas. “Queríamos que las fans también estuvieran arriba del escenario con ellos”.
Desde Cler Lab también decidieron apostar por diseñadores locales. Uno de los ejemplos fue el trabajo junto a la diseñadora Zoe Martí, creadora de Studio Z, para los looks utilizados por Q’ Lokura en el Festival de Jesús María. “Nos emociona muchísimo poder darle visibilidad a diseñadores cordobeses que tienen un talento enorme.”
“Somos unas privilegiadas”
Después de ocho años de trabajo, Lucía y Camila aseguraron que el mayor logro no son los locales ni los escenarios. Es haber encontrado una profesión que las hace felices. “Nos levantamos todos los días con una idea nueva. Somos felices haciendo lo que hacemos”, dijo Camilia.
Y concluyeron con una reflexión que resume toda su historia. “Somos unas privilegiadas de poder trabajar de lo que amamos. A veces hace falta sentarse un rato, mirar el camino recorrido y entender que no es poco todo lo que pasó para llegar hasta acá”, terminó Lucía.





