Zoe Gotusso atraviesa uno de los momentos más visibles de su carrera, pero lejos de la comodidad que suele asociarse al éxito, habla de una incomodidad permanente como motor creativo. Esa tensión, reconoce, es la que la empujó a salir de Córdoba, a dejar atrás los covers, el formato de dúo y a asumir el riesgo de una carrera solista que hoy la ubica entre las voces más escuchadas del pop argentino.
En una reciente entrevista publicada por Marie Claire, la cantante nacida en Córdoba definió ese estado con una frase que funciona como clave de lectura de su recorrido: “Vivo en una incomodidad constante, y eso es lo que me impulsa”. No como malestar paralizante, sino como una alerta que la obliga a moverse, a no quedarse quieta, a revisar cada etapa.
Desde ese lugar, Gotusso construyó un camino singular. Doble nominada a los premios Grammy Latinos por su canción “Lara” y por su álbum “Cursi”, y con un nuevo disco, “Detalles”, recién lanzado, la artista se prepara para una gira que incluirá fechas en Argentina, Latinoamérica y Europa. El crecimiento es sostenido, pero ella insiste en mirar el proceso más que el resultado.
“Cada vez que me incomodé, crecí”, repite, al recordar hitos como su presentación en el Teatro Colón o el salto definitivo al mainstream, escenarios que todavía la intimidan.
Una casa donde la música ya estaba
La relación de Gotusso con la música no fue una revelación tardía. Creció en un hogar donde los discos, los instrumentos y las canciones formaban parte del paisaje cotidiano. Su madre, docente y música amateur, fue una figura central en ese despertar cultural; su padre, exjugador de Los Pumas y arquitecto, aportó la disciplina y el rigor. Entre esas dos lógicas —arte y entrenamiento— Zoe encontró su propio idioma.
A los 14 años, la guitarra se convirtió en refugio. Pasaba horas tocando después del colegio y, casi sin darse cuenta, comenzó a formarse con una dedicación obsesiva. El punto de quiebre llegó cuando, siendo adolescente, alternaba trabajos como moza con pequeños shows autogestionados. Ahí apareció una certeza: la música podía ser un oficio.
Amor, refugio y futuro
En su vida personal, el amor ocupa un lugar central. Convive desde hace dos años con su pareja, María, quien además fue productora musical de su último disco. Gotusso habla de familia —la de sangre y la elegida— como refugio y sostén, y no esquiva el deseo de proyectarse más allá de la música: formar una familia, ser madre, construir vínculos duraderos.
Frente a una industria marcada por la velocidad, el algoritmo y el consumo inmediato, la cantante mira el presente con una mezcla de fascinación y alerta. Celebra la vitalidad cultural argentina, incluso en crisis, pero se pregunta qué le está haciendo ese ritmo a la cabeza y a los vínculos.
Para Zoe Gotusso, perder no es un fracaso. Es parte del aprendizaje. “Para ganar hay que perder”, resume. En esa lógica, la incomodidad deja de ser un problema y se transforma en brújula.




