El ámbito cultural de Córdoba se encuentra de luto tras conocerse el fallecimiento de Florencia Galán Camps.
La artista, cuya obra logró trascender fronteras, dejó un legado marcado por la sensibilidad, la luz y una profunda convicción de que la belleza es una parte esencial de la vida.
Una vida forjada entre pinceles
Aunque se formó como historiadora, Galán Camps estuvo vinculada al mundo creativo desde su nacimiento. Hija de arquitectos, creció en un hogar que funcionaba como un verdadero taller experimental. Sus rutinas de infancia incluían intervenir planimetrías con acuarelas y óleos, siguiendo los pasos de sus padres: un padre que pintaba flores y una madre que, en paralelo a la arquitectura, cursó tres licenciaturas en artes plásticas.

El punto de inflexión en su carrera ocurrió hace unos años, cuando la necesidad de desarmar aquella casa-taller familiar la llevó a reencontrarse con pilas de materiales artísticos. En ese momento de estabilidad personal, decidió que era su tiempo para dedicarse de lleno a la pintura, impulsada por la pasión y la intuición.
El arte como refugio y conexión
Para Florencia, el acto de pintar era una forma de “celebrar la vibración que genera la existencia”. Durante los desafíos de los últimos años, defendió fervientemente la idea de que “el arte siempre salva”, considerando que el trabajo manual y creativo era fundamental para la salud mental y emocional.
Su obra no solo se quedó en su Córdoba natal, sino que viajó por el mundo. Gracias al impulso de sus hijos para mostrar su trabajo en redes sociales, comenzó a conectar con personas de diversos países que buscaban en sus cuadros un sello de identidad y energía para sus espacios. Para ella, no existía mejor halago que saber que las nuevas generaciones conectaban con su estética y su mensaje.

Un legado de luz
Florencia Galán Camps partió dejando un camino creativo consolidado y un profundo amor por su “núcleo duro”: su esposo Diego Brown y sus tres hijos, Paloma, Manuel y Tomás, quienes formaban parte fundamental de su equipo de vida y trabajo.
Como ella misma solía decir, “vivir en contacto con la belleza es un modo de celebrar la existencia”. Sus obras, cargadas de impresiones sensibles, continuarán siendo ese testimonio de luz para quienes tuvieron la oportunidad de conocer su arte y su historia.





