En el mundo espiritual, los registros akáshicos se presentan como “el archivo de la información de todas las experiencias, eventos, pensamientos y emociones vividas en todos los tiempos, en todas las dimensiones conscientes e inconscientes de una persona”, según explicó Macarena Lucero, canalizadora de registros akáshicos y sanadora ancestral.
Y añadió que este “se almacena en un plano o nivel sútil de la realidad conocido como el ‘éter’ o ‘akasha’”. Así, esta práctica ancestral permite obtener datos sobre el universo, relaciones, propósito de vida y patrones repetitivos, mediante una lectura de ese material realizada por alguien capacitado.
Además, Lucero indica que la misma es utilizada como una herramienta de autoconocimiento, de crecimiento tanto personal como espiritual, y de sanación, ya que habilita la comprensión.
De esta manera, permite a la persona entender “profundamente su realidad presente para aceptarla, vivirla y convivir armoniosamente con su destino” -en palabras de la facilitadora-.

En este sentido, amplió: “Recibir estos conocimientos propicia reconocer lo que bloquea su existencia en plenitud y descubrir alternativas a esas lo destructivo, reparando los códigos estructurales dañados, sanando karmas”.
Por tanto, “la canalización de registros akáshicos -detalló la canalizadora- se percibe como una liberación energética y corporal, en todas las dimensiones, que posibilita conectar con la infinitud de su ser”.
Entonces, llegan luego mejoras en la salud física, mental, vincular e, incluso influye positivamente en la historia ancestral y descendencia de la persona.
Abordaje integral y apertura materializada
Aunque la interpretación y acceso a los registros akáshicos pueden variar dependiendo del enfoque, la vida y las creencias del consultante, esta práctica se asemeja a diversas terapias en las que se amplían las conciencias de quiénes somos, cuyo fin es motivarnos.
Por consiguiente, la disciplina puede combinarse con opciones de regresión, reiki, astrología, meditación, entre otras. Sin embargo, cabe destacar que no suplanta ninguna otra terapia formal.
“Personalmente, siento que es muy cercana a la medicina ancestral, que es milenaria y tiene como premisa que todos los cuerpos contienen la sabiduría para sanarse a sí mismos. Por lo que se puede complementar con cualquier con lo científico y lo holístico, gracias a su amabilidad y apertura para la integración de todo lo que necesitamos”, afirmó Macarena.
En relación a la lectura de registros akáshicos propiamente, expresó que se trata de la materialización y canalización de las consultas que el involucrado necesita resolver. Y detalló que la sesión dura aproximadamente una hora para evitar sobrecargar al cuerpo frente a la recepción de referencias.

El método puede ser presencial o a distancia, “solicitando protección y permiso a guías y entidades” -sostuvo Lucero-. Asimismo, señaló que “a través del sonido del nombre de ambas personas, se accede al campo energético donde se encuentra lo solicitado en el akasha”.
Paso a paso
Siguiendo con el procedimiento, se formulan preguntas y la persona canalizadora recibe datos de diversas maneras para comunicarlos mediante palabras, escritura, dibujos, ejercicios corporales, metáforas, entre otras alternativas.
Igualmente, lo manifestado puede no ser absoluto e inmediatamente comprendido. No obstante, será corporizada dentro de las siguientes tres semanas, plazo conocido como días de sanación. De modo que, algunos cambios pueden ser visibles rápidamente, mientras que otros tienen lugar a largo plazo en pensamientos y sentimientos.
Es que, los registros akáshicos se abren para acceder a aquello que normalmente está en el inconsciente, lo que provoca cambios en diferentes aspectos. En este marco, Lucero aclaró: “Siempre se da a conocer lo que la persona está lista para saber”.
Tras la lectura, cerrar adecuadamente los registros abiertos garantiza un proceso armonioso y equilibrado de integración de lo obtenido.
Por consiguiente, esta práctica se presenta como un acceso a la sabiduría universal, que con la guía de un canalizadora, permite explorar infinitas posibilidades del ser, para alcanzar un mayor bienestar y autoconocimiento.



