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Uluru: el sueño de una pareja que transformó una esquina de Villa Allende en mucho más que una cafetería

En una esquina luminosa de Villa Allende, entre mesas al sol, pan de masa madre y café de especialidad, funciona mucho más que una cafetería. Uluru es el resultado de una historia de amor, de un viaje transformador y de una búsqueda profunda por vivir de aquello que apasiona. Detrás del proyecto están Hernán y

Javier Colomerhace 3 horas
Uluru: el sueño de una pareja que transformó una esquina de Villa Allende en mucho más que una cafetería

En una esquina luminosa de Villa Allende, entre mesas al sol, pan de masa madre y café de especialidad, funciona mucho más que una cafetería. Uluru es el resultado de una historia de amor, de un viaje transformador y de una búsqueda profunda por vivir de aquello que apasiona.

Detrás del proyecto están Hernán y Coni, una pareja que en una entrevista con Revista Ocio contó cómo fue construir un espacio donde el café, la alimentación consciente y el encuentro humano se convierten en experiencia.

Los inicios de un relación y el futuro de un café

“Nos empezamos a conocer hace cinco años, literalmente hoy. Nuestra primera cita fue en una cafetería”, recordó Hernán. Desde entonces, el café se volvió parte central de su vínculo: primero como ritual cotidiano y luego como camino de vida.

Ambos trabajaban en empleos estables -ella como abogada y él como arquitecto- hasta que decidieron dejarlo todo y viajar a Australia. Allí hicieron un curso de baristas y durante dos años trabajaron en cafeterías, absorbiendo una cultura donde el café se vive con intensidad.

“La habilidad de ser baristas nos permitió encontrar trabajos muy buenos, conocer mucha gente y aprender muchísimo”, contaron. Pero el viaje no sólo transformó su relación con el café. También cambió su forma de entender el cuerpo, la alimentación y el ritmo de vida.

“Empezamos a cuestionar muchas cosas. Qué alimento le damos al cuerpo, qué combustible usamos, por qué consumimos ciertos productos. Exploramos mucho la alimentación sin gluten, sin azúcar refinada, ingredientes más nobles y más reales”, agregó Coni.

Australia también les mostró otra manera de habitar el día a día: más movimiento, más aire libre y más conexión con lo simple. “La gente sale temprano a caminar, a surfear, a moverse. Nos sentimos muy identificados con esa filosofía de cuerpo, mente y alma”, dijo.

Un sueño que empezó mucho antes de abrir

La idea de Uluru comenzó incluso antes de volver a Argentina. Entre cafés, trenes y libretas llenas de anotaciones, la pareja empezó a imaginar su propio espacio.

“Desde temprano en Australia ya hacíamos nuestro libro de recetas. Cada uno desde su cafetería decía: ‘este cookie’, ‘este café’, ‘esta idea’… sabíamos que algún día queríamos compartirlo”, se explayó Hernán.

En paralelo, crearon un Instagram llamado Basado en hechos reales, donde mostraban su rutina, sus trabajos y sus aprendizajes gastronómicos. “Era una forma de conectar con la gente de Córdoba y también de mostrar que nos habíamos salido un poco de la arquitectura y la abogacía para meternos de lleno en este mundo”.

Antes de regresar definitivamente al país, hicieron un último viaje por Japón y el sudeste asiático. Allí encontraron otra de las piezas fundamentales que hoy atraviesa a Uluru: el servicio.

Coni contó: “Aprendimos mucho sobre la amabilidad y el agradecimiento. En esos lugares realmente buscan hacer sentir bien al otro. Poder transformarle el día a alguien”.

También incorporaron una idea que hoy trasladan a cada plato: la simpleza.

“Si tenés el mejor pan, la mejor manteca y una buena mermelada, no necesitás mucho más. Lo mismo con unos huevos revueltos. Cuando la materia prima es buena, el plato funciona”.

Apostar a un sueño en Argentina

Volvieron hace apenas diez meses y rápidamente apareció la gran decisión: volver a sus profesiones o apostar por el proyecto propio.

“La decisión fue ir con todo por este sueño”, dijo Hernán. Aunque reconocen que el proceso estuvo lleno de incertidumbre. “Teníamos más miedos que certezas, pero lo hicimos igual”, agregó su pareja.

Comenzaron a recorrer locales y a estudiar el panorama gastronómico cordobés. Querían traer algo distinto, inspirado en todo lo aprendido afuera, sin caer en fórmulas repetidas.

Eligieron Villa Allende porque buscaban una comunidad más pequeña y cercana, similar a los pueblos donde habían vivido en Australia.

Y entonces apareció la esquina.

“Yo venía manifestando un local esquina”, contó Coni. “Quería un lugar con mucha luz, donde la gente pudiera sentarse al sol”.

La conexión con el barrio fue inmediata. “Desde el primer día la gente se acercaba a preguntar qué íbamos a poner. Nos traían comida, mate y budines. Sin darnos cuenta se empezó a crear una comunidad alrededor de Uluru”.

El significado detrás del nombre

El nombre llegó casi por intuición. Uluru es un enorme monolito sagrado ubicado en el centro de Australia, un sitio espiritual para los pueblos originarios Anangu.

“Queríamos algo relacionado con Australia, pero que no estuviera en inglés y que pudiera pronunciarse igual en todos lados”.

El paralelismo apareció de golpe: el piso rojizo del local, la idea de una pieza única en medio del barrio y el simbolismo del centro geográfico -Córdoba como el centro del país-.

“Él dijo: ‘esto es como el Uluru’. Y todo empezó a cerrar”, expresó Coni.

Incluso vivieron una coincidencia que terminó de convencerlos. “Ese mismo día, una amiga nos mandó una foto desde Uluru sin saber nada de lo que estaba pasando. Ahí dijimos: listo, es por acá”.

El “no sé qué” de Uluru

Quienes visitan la cafetería suelen hablar de una sensación difícil de explicar. Un clima cálido, tranquilo, distinto. Para Hernán y Coni, la respuesta está en el alma que le ponen a cada detalle.

Uluru es resultado de lo que somos y de lo que nos apasiona”.

Desde el café hasta la sal marina que usan en la cocina, todo está elegido con intención. “Elegimos el mejor pan de masa madre, huevos de gallinas libres, ingredientes reales. Son detalles que tal vez no se ven, pero se sienten”.

Coni lo resumió así: “Para mí es como invitar gente a comer a mi casa”.

Un espacio vivo y en movimiento

Nada en Uluru busca permanecer inmóvil. Las mesas cambian de lugar, el menú se adapta a las estaciones y las recetas evolucionan según los productos disponibles.

“La naturaleza cambia todo el tiempo porque está viva. Queríamos que Uluru también sea algo vivo”, dijo Coni.

Por eso trabajan con ingredientes de temporada y piensan nuevas propuestas para cada época del año. “Si la tierra da ciertos alimentos ahora, probablemente es porque necesitamos esos nutrientes ahora”.

Una cafetería para volver a mirarse a los ojos

Más allá del café o la gastronomía, Uluru nace con una intención más profunda: generar conexión humana.

“Creemos que el mundo va muy rápido y que estamos perdiendo humanidad”, reflexionó Hernán. “Una cafetería puede ser un lugar donde la gente vuelva a mirarse a los ojos”.

La pareja aseguró que uno de los mayores logros del espacio es ver cómo las personas conversan, se encuentran y bajan el ritmo.

“Queremos que alguien reciba amor acá adentro y pueda trasladarlo después a la calle”.

Coni recordó una frase que le dice su mamá: “El propósito de la vida es descubrir ese don que te sustenta. El trabajo es desarrollarlo. Pero el significado está en compartirlo”.

Y quizás eso sea, finalmente, Uluru: una manera de compartir todo aquello que descubrieron en el camino.