El arte siempre estuvo presente en la vida de Emma Roach. Criada en un entorno familiar atravesado por la música, el baile y la pintura, encontró en el canto su manera más sincera de expresarse. “Tengo la imagen de mi mamá cantando frente a la computadora con los auriculares puestos”, recuerda. Desde chica, esa escena cotidiana se volvió un espejo y, al mismo tiempo, un refugio. “Muchas veces, cuando sos chico, no sabés regular tus emociones, y a mí me servía mucho poder expresarlas a través del canto”, cuenta.
Sus influencias musicales son un mapa que combina clásicos nacionales e internacionales. Charly García, Fito Páez y Nathy Peluso aparecen entre sus referentes, junto a artistas como Mon Laferte, Freddie Mercury y Whitney Houston. “De chica estaba fascinada con Freddie. Lloré toda la película de Bohemian Rhapsody”, confiesa.
Cuando llegó su oportunidad en La Voz Argentina, la producción eligió para su audición a ciegas un clásico de Fito: Fue amor. La primera reacción fue de vértigo: “Era un desafío enorme. Todo el mundo tiene esa canción en la cabeza y yo no quería hacer lo mismo, necesitaba ponerle mi impronta”. Finalmente, lo que marcó su versión no fue la técnica, sino el disfrute. Y el resultado fue inmediato: logró emocionar y que se dieran vuelta las sillas.
Emma recuerda aquel instante como una experiencia indescriptible. “Era como estar bajo los efectos de sustancias, pero con hormonas naturales. Adrenalina, serotonina, dopamina… todo al mismo tiempo. Fue una locura, de lo más fuerte que viví en mi vida”, asegura.
Con el correr de las instancias, los desafíos se volvieron cada vez más personales. Batallas con compañeros que también eran amigos, momentos de vulnerabilidad y la distancia con su familia, que seguía todo desde el interior del país: “Uno siente la soledad, pero yo decidí abstraerme y disfrutar. Pensaba: la vida es larga, pero esta experiencia es única y no se repite”.
Su despedida llegó tras interpretar Mary Poppins de Fabiana Cantilo. Lejos de ser un final amargo, lo vivió como una reafirmación: “Me llevo la certeza de que puedo. Que soy capaz de subirme a un escenario así y conectar con la gente. No canto para que suene lindo; canto para que el mensaje llegue”.

Hoy, lejos de apagarse, su camino recién comienza. Está cerrando fechas en Buenos Aires y en Villa María, con la ilusión de formar una banda y recorrer el país. “Siempre soñé con conocer mi Argentina a través de la música, nutrirme de mis raíces y de mi gente”.
Antes de despedirse, Emma deja un consejo para quienes sueñan con seguir sus pasos: “Tener una mentalidad positiva. Decirse a uno mismo yo puedo. Después, confiar y soltar. El camino se construye día a día, con pequeños actos, como un trabajo de hormiga. Así se cumplen los sueños”.



