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Por demoras en las aprobaciones, peligra programa de terapia equina en Embalse

Equinoterapia en Embalse: un programa gratuito que acompaña a niños y adolescentes con discapacidad a través del vínculo con el caballo.

Revista OCIO·15 de ene de 2026
Por demoras en las aprobaciones, peligra programa de terapia equina en Embalse

Por Marcos Villalobo

En Embalse, entre sierras que invitan a bajar el ritmo y un lago que parece escuchar, hay un lugar donde el movimiento se vuelve lenguaje. Allí, el paso manso de un caballo puede habilitar una palabra, una mirada, una conexión. Es el Centro de Recreación e Igualdad en la Diversidad (Creidiv), un espacio donde la equinoterapia no es solo una técnica de rehabilitación, sino una experiencia que sostiene vínculos, procesos y esperanzas. Hoy, ese trabajo corre el riesgo de quedar en pausa por demoras administrativas que podrían interrumpir terapias en curso durante gran parte de 2026.

En el predio, los caballos avanzan despacio, como si supieran que cada paso importa. Y lo hace. Para muchos niños y adolescentes, ese movimiento tridimensional es una puerta de entrada al cuerpo, al entorno y al otro.

Bruno Lorenzo tiene dos años. Su historia comienza como tantas: un embarazo deseado, una infancia esperada. Pero con el tiempo, su mamá, Aldana Godoy, empezó a notar que algo no encajaba. Bruno no respondía al llamado, evitaba el contacto, repetía acciones, expresaba emociones a través de sonidos. “Sentí mucho miedo”, recuerda. El diagnóstico llegó después de recorrer médicos y consultas: Trastorno del Espectro Autista y Trastorno del Desarrollo del Lenguaje.

“Pensé que quizás nunca escucharía a mi hijo hablar”, dice Aldana. Empezaron con terapias tradicionales, pero algo seguía faltando: el vínculo. La respuesta apareció de manera inesperada, en una charla casual en un kiosco del pueblo. En Embalse había equinoterapia, gratuita, sostenida por un convenio con Nucleoeléctrica Argentina. “Siempre pensé que era una terapia imposible de costear”, admite.

Hace apenas tres meses que Bruno asiste al Creidiv. En ese tiempo, los cambios empezaron a asomar: responde cuando lo llaman, entiende consignas simples, nombra animales. “Escucharlo decir ‘la vaca’ fue recuperar la esperanza”, cuenta su mamá.

Cuerpo, emoción y naturaleza

La equinoterapia trabaja sobre múltiples dimensiones al mismo tiempo: cuerpo, emoción, cognición y vínculo. El caballo —animal grande, sensible, de calor corporal intenso— ofrece algo que ningún consultorio puede reproducir. “Es el único animal que tiene una fisiología similar a la del cuerpo humano”, explica Natalia Gómez, instructora en equinoterapia, acompañante terapéutica y responsable del proyecto en Calamuchita.

El paso del caballo estimula el sistema sensorial, regula el tono muscular, activa la coordinación y habilita otra forma de estar en el mundo. En Creidiv, ese trabajo se articula de manera interdisciplinaria: “Anexamos naturaleza y caballo a lo que ya se trabaja en consultorio”, explica Natalia.

Cada sesión es individual, personalizada, una vez por semana. Los cupos son reducidos —entre seis y ocho personas— porque el cuidado también es parte del método. En el circuito privado, una sesión ronda los 40 mil pesos, un valor inaccesible para muchas familias de la región.

El centro funciona formalmente desde 2014 y, desde hace cuatro años, sostiene un convenio con Nucleoeléctrica y apoyo de la Cooperativa de Embalse. Actualmente, 15 chicos acceden de manera gratuita: cinco en equinoterapia y diez en escuela ecuestre. El proyecto también cuenta con la experiencia de Hugo Muñoz, con más de tres décadas de trabajo con caballos y niños con discapacidad.

La fragilidad de lo que funciona

Como en muchas historias de políticas públicas que transforman vidas, aparece un “pero”. Cada año, el programa debe volver a presentarse para su aprobación. En 2026, esa autorización podría llegar recién en agosto. No es un dato menor. Es tiempo suspendido para procesos que necesitan continuidad. “Interrumpir implica perder avances, romper rutinas, apagar algo que recién empieza a encenderse”, dice Aldana.

Natalia habla con cautela. Hay buena predisposición institucional, asegura, pero la burocracia tiene sus tiempos. Entre los proyectos a futuro está la construcción de un galpón cubierto que permita trabajar todo el año, sin depender del clima. Hoy, el frío y el calor extremo limitan la actividad. Un espacio cerrado significaría previsibilidad, otra forma de cuidado.

Mientras tanto, en Embalse, los caballos siguen avanzando con su paso manso. Y en ese ritmo aprendido, hay algo más que sesiones terapéuticas en juego: hay palabras que empiezan a decirse, miradas que regresan, madres que vuelven a creer.

A veces, la política pública se mide en presupuestos. Otras, en una sola palabra dicha por primera vez. “La vaca”, dice Bruno. Y en ese sonido breve, su mundo —y el de su mamá— se vuelve un poco más habitable.

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