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“Leemos de todo”: el club de lectura cordobés que creó un espacio seguro entre libros y meriendas

En una ciudad atravesada por los cafés de especialidad, las meriendas eternas y las ganas de encontrar espacios propios, Ro y Sofi en diálogo con Revista Ocio contaron cómo armaron algo que no esperaban que “explotara” tan rápido: “Bookclub Córdoba” pensado para leer por placer, debatir sin solemnidad y recuperar el hábito de sentarse con

Javier Colomerhace 4 horas
“Leemos de todo”: el club de lectura cordobés que creó un espacio seguro entre libros y meriendas

En una ciudad atravesada por los cafés de especialidad, las meriendas eternas y las ganas de encontrar espacios propios, Ro y Sofi en diálogo con Revista Ocio contaron cómo armaron algo que no esperaban que “explotara” tan rápido: “Bookclub Córdoba” pensado para leer por placer, debatir sin solemnidad y recuperar el hábito de sentarse con un libro entre las manos.

La idea empezó a gestarse a mediados del 2025, cuando ambas buscaban un club de lectura al que sumarse y no encontraban ninguno que se sintiera cercano a sus intereses.

“Queríamos unirnos a un club y no habíamos encontrado uno en el que encontráramos nuestras vibes”, comenzó Ro. “Y dijimos: ‘Bueno, che, ¿y si lo hacemos nosotras?’”.

Ro y Sofi creadoras de Bookclub Córdoba

En agosto lanzaron una página de Instagram. El primer encuentro llegó en septiembre. Antes de abrir las inscripciones, decidieron construir una pequeña comunidad en redes para asegurarse de que hubiera “quórum”. No imaginaban lo que vendría después.

Hoy, menos de un año más tarde, sus fechas se agotan en minutos.

Leer para descansar, no para rendir un examen

Ro estudió Ciencia Política. Sofi, Relaciones Internacionales. Ambas coinciden en que la facultad les cambió el vínculo con la lectura.

“Los clubes que encontrábamos tenían una tendencia más filosófica. Y nosotras ya estudiábamos carreras con muchísimo teórico. La idea era que esto fuera un recreo”, explicó Ro.

Eso que la movía terminó definiendo el ADN del club: libros accesibles, géneros variados y encuentros pensados más como una reunión entre amigas que como una clase.

Romance, fantasía, thriller, horror o autoras argentinas contemporáneas conviven en una programación donde, según ellas, “se lee de todo”.

“Queríamos volver a eso de cuando eras chica y te devorabas los libros”, contó. “Sentimos que muchas personas arrancan la facultad y se desconectan totalmente de leer por placer”, agregó Sofi.

La frase se repite constantemente entre quienes participan del club. Muchas llegan buscando recuperar un hábito perdido.

“Aunque sea un libro por mes, es un montón. Significa volver a agarrar un libro todas las noches”, acotó Sofi.

Una mesa larga y chicas que llegan solas

Los encuentros se organizan con un mes de anticipación. Primero anuncian el libro y, días después, abren las inscripciones. La mayoría de las asistentes llega sola.

Por eso, el ritual empieza siempre igual: una ronda de presentación para romper el hielo. Después vienen los disparadores para debatir la lectura, aunque últimamente casi no hacen falta.

“Las chicas ya arrancan solas hablando de algo puntual del libro. Y las que vienen hace más tiempo terminan liderando el debate”, dijo Ro.

Mientras conversan, comparten una merienda y abren regalos personalizados que Ro y Sofi le prepararon a cada participante. Al final llega uno de los momentos favoritos del grupo: la ronda de recomendaciones. “Ahí están todas con el teléfono anotando libros. La conversación se pone intensa”, dicen.

Las jornadas duran entre dos y dos horas y media. No se lee durante el encuentro: se debate sobre los libros.

Y cada libro cambia por completo la dinámica. “El thriller dio muchísimo para hablar. Después leímos una fantasía más ligera y el ambiente fue distinto. Nos gusta variar muchísimo”, explicó Sofi.

Actualmente están leyendo a Mariana Enríquez, una elección que -para ellas- traerá mucho de qué hablar y conversaciones más densas antes de volver a lecturas más livianas.

De un encuentro por mes a entradas agotadas en 10 minutos

El crecimiento del club las sorprendió incluso a ellas. Al principio hacían un solo encuentro mensual. En enero se animaron a abrir una segunda fecha. Poco después ya estaban organizando tres.

“Pensábamos que no íbamos a llenar dos”, recordaron. “Ahora los cupos se agotan en diez minutos”.

Cada encuentro tiene un cupo de entre 15 y 16 personas para mantener la posibilidad de debatir entre todas. Sin embargo, la demanda sigue creciendo.

El éxito más reciente fue un ciclo dedicado al horror, un género con el que no sabían cómo iba a reaccionar la comunidad. “Fue un shock. Pensábamos que muchas no se iban a anotar porque están más acostumbradas al romance o la fantasía. Y explotó”, contó Sofi.

Cafés, parques y una comunidad inesperada

El club es itinerante. Van cambiando de sede para conocer distintos cafés de Córdoba y porque, además, encontrar un espacio para casi veinte personas alrededor de una misma mesa no es tarea fácil. “Somos muy fan de las meriendas aesthetics”, admitieron.

Uno de los encuentros incluso se realizó en el Museo Metropolitano de Arte Urbano, en Plaza España.

Pero el crecimiento también las llevó a inventar nuevas formas de reunión. Así nacieron las “juntas lectoras”: encuentros gratuitos y más descontracturados en parques, donde cada persona lleva el libro que quiere leer. “Nos juntamos entre mates y libros. Y está buenísimo porque vienen chicas que nunca participaron del club”, Ro.

Uno de los encuentros incluso se realizó en el Museo Metropolitano de Arte Urbano, en Plaza España.

“Nos dieron un espacio seguro”

Cuando se les pregunta qué tiene de especial este proyecto, las dos coinciden rápido: “La comunidad”. Las devoluciones que más reciben son el hecho de haber construido un espacio donde hablar de literatura sin sentirse juzgadas. “Las chicas siempre nos dicen que les dimos un espacio seguro para hablar de lo que les gusta”, agregó Sofi.

En el grupo hay desde chicas que recién salen del colegio, estudiantes universitarias y mujeres de más de 40 años con hijos y trabajo. Y, según ellas, esa mezcla generacional es parte de la magia. “Se armó un grupo de amigas hermoso”, dijo Sofi.

El proyecto empezó como un hobby compartido entre dos amigas que se recomendaban libros desde sillones distintos: una leyendo fantasía épica, la otra romances ligeros. Hoy es una comunidad en expansión. “Nos emociona cada vez que se agota una fecha porque estamos haciendo algo que nos gusta y nunca pensamos que iba a crecer así”, concluyó Ro.

Y aunque todavía hacen cuentas imposibles para conseguir mesas largas en cafeterías cordobesas, tienen claro qué quieren conservar. “El club no existiría sin las chicas que vienen. Ellas fueron las que confiaron primero”, terminó su amiga.