Diciembre suele llegar con una mezcla incómoda: balances apurados, cansancio acumulado y una sensación difusa de no haber llegado a todo. Para muchas mujeres, el cierre de año no es solo celebración, sino también exigencia, comparación y ruido interno.
En ese contexto, Mile Rabbat fue elegida como personaje del mes por proponer una mirada distinta: frenar, habitar el cuerpo y recuperar la presencia como forma de volver al propio eje antes de que termine el año.
Fin de año suele activar un modo automático: cumplir, rendir, responder. Entre compromisos sociales, mandatos emocionales y expectativas ajenas, muchas mujeres llegan a diciembre desconectadas de sí mismas.
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Mile lo observa a diario en los espacios que coordina. Mujeres que, después de sostenerlo todo, repiten una misma idea: “Me olvidé de mí”. Mujeres cansadas, sobrecargadas, con múltiples roles funcionando al mismo tiempo y poco espacio para escucharse.
Ella lo nombra con claridad: muchas veces ocupamos lo público y lo laboral sin soltar lo demás. “Entramos al terreno de lo público, pero no regulamos”, explica en la entrevista. El resultado es una sensación de agotamiento generalizado y una desconexión profunda del deseo propio.

La historia de Mile no empieza en la calma. Llega al bienestar desde un lugar de búsqueda intensa y decisiones tomadas desde la angustia. “No venía de un camino muy claro”, dice. Durante años eligió paliativos que no iban a la raíz, hasta que tocar fondo la obligó a elegir.
“Era seguir por ahí y no saber dónde terminaba, o elegir otra forma de hacer las cosas”, cuenta. Ese quiebre la llevó a revisar su relación con el cuerpo, un territorio que durante mucho tiempo sintió ajeno. “Nunca me veía suficiente”, admite, y esa incomodidad impactaba directamente en su salud.
El yoga aparece entonces como una puerta posible. No como una solución mágica, sino como una experiencia corporal que le permitió tomar conciencia de un estado de ansiedad permanente que ya naturalizaba. “Fue como cuando se apaga un extractor y recién ahí te das cuenta del ruido que había”, recuerda.

Así nace Estación Claridad, un espacio que Mile concibe como un lugar de transformación consciente, donde las personas pueden bajar la defensa y habitar otra frecuencia. “Yo lo siento como un portal”, dice, un entorno pensado para que lo interno vuelva a ordenarse a través del cuerpo, la respiración y la presencia.

En paralelo, otro aprendizaje se volvió central: “A mí me cambió la vida dejar de compararme”, reconoce. De esa experiencia personal surge Mujeres Potenciando Mujeres, un proyecto que propone reemplazar la competencia por red y admiración. Allí, Mile impulsa una idea que se repite en cada encuentro: “Tu energía no puede ser robada, copiada ni imitada”.
En ambos espacios aparece una misma convicción: el poder no está afuera. “Todo el poder lo tenés adentro”, sostiene. Y cuando ese poder se comparte, se multiplica. Por eso, para Mile, crear estos lugares no fue una decisión estratégica, sino una consecuencia natural de su proceso personal y de la certeza de que las transformaciones individuales generan impacto colectivo.
De cara al cierre del año, Mile no habla de rituales obligatorios ni de fórmulas universales. Propone algo más simple y, a la vez, más desafiante: volver a la presencia.
“El camino es la presencia”, dice con convicción. Y sugiere empezar por una herramienta básica pero poderosa: la respiración. “La respiración es la única función involuntaria que podemos volver voluntaria”, explica, y ese pequeño gesto ya tiene la capacidad de modificar el estado anímico.

También invita a perderle el miedo a ser principiante, a bajar el ruido externo y a subir el volumen del pulso interno. No todas las mujeres viven diciembre de la misma manera, y está bien. No hay una sola forma correcta de cerrar el año.
Antes de que termine, Mile propone elegir conscientemente: vínculos, conversaciones, espacios y energías. Recordar algo esencial que repite en sus encuentros: “Lo que es para vos no te puede ser quitado, y lo que no es para vos, no te va a hacer feliz”.
Cerrar el año, entonces, no como una exigencia más, sino como un regreso. A una misma.



