A tres años de su última visita, el astro boricua regresó a la Docta para ofrecer un espectáculo que combinó la nostalgia de sus baladas con la explosión rítmica que lo define como un ícono global.
Ante un Estadio Mario Alberto Kempes que agotó sus 20 mil entradas en minutos, el cantante reafirmó que en Córdoba “juega de local”.
Una previa con sello local
La jornada comenzó temprano para las fanáticas que acamparon durante días en las inmediaciones del estadio.
Tras la apertura de puertas a las 18, la cantante Valentina Márquez fue la encargada de encender el ambiente como telonera, interpretando versiones en clave de cuarteto que fueron recibidas con entusiasmo por el público.
El estallido del “huracán” boricua
Exactamente a las 21.12, tras un video retrospectivo de su carrera, Ricky Martin apareció en escena luciendo un elegante traje negro con pedrería. El puntapié inicial lo dio con “Pégate”, convirtiendo el mantra “bailando todo se arregla” en el eje de la noche.
La primera parte del show fue una ráfaga de energía con éxitos como “María”, “Adrenalina” y “Bombón de azúcar”, apoyada por una sólida banda de ocho músicos y seis bailarines.
Los dos universos de Ricky
El recital navegó con precisión técnica entre las dos facetas que marcaron sus más de tres décadas de trayectoria:
- La bomba sexy latina: con un despliegue físico que lo dejó sudando como un maratonista, el cantante hizo vibrar al estadio con “La bomba”, “She Bangs”, “La mordidita” y “Vente pa’ acá”.
- El baladista romántico: el bloque melódico fue uno de los momentos más sentidos, destacando interpretaciones de “Vuelve” (en su versión original), “Fuego de noche, nieve de día”, “Tal vez” y “Te extraño, te olvido, te amo”.
El cierre: clásicos globales y una promesa
Para el tramo final, la fiesta alcanzó su punto máximo con “Livin’ la vida loca” y “La copa de la vida”, esta última acompañada por una lluvia de papelitos plateados y el coro ensordecedor de los 20 mil asistentes.
El broche de oro fue una imagen cargada de simbolismo: Ricky Martin con la bandera argentina al cuello, despidiéndose entre fuegos artificiales. Antes de retirarse, dejó una promesa que ilusionó a todos: volverá pronto con música nueva, cerrando una noche inolvidable que demostró que su carisma y oficio siguen intactos a pesar del paso del tiempo.





