El sistema financiero argentino marca un nuevo hito en su evolución reciente con el retorno de los créditos hipotecarios en dólares, una herramienta que no se veía en el mercado local desde hace años.
Según el análisis de la economista Gisela Veritier, esta modalidad -que tiene al Banco Macro como pionero con operaciones previstas para marzo de 2026- no busca ser una solución masiva al déficit habitacional, sino que está diseñada para un público muy específico con ingresos elevados o dolarizados.
Condiciones más rígidas y riesgo asumido por el deudor
A diferencia de los créditos tradicionales a largo plazo, estos nuevos préstamos presentan características mucho más acotadas. El plazo de devolución se estima en cinco años, con una tasa de interés que ronda el 11,5% anual y un sistema de amortización francés, donde el pago inicial se concentra en los intereses.
El punto más crítico de esta operatoria es la transferencia del riesgo. Para acceder, el tomador del crédito debe firmar una aceptación explícita del riesgo cambiario. Esto significa que, ante cualquier devaluación del peso, el deudor es quien asume íntegramente el impacto en el costo de su deuda. Por este motivo, Veritier señala que el producto está orientado principalmente a inversores o propietarios que buscan adquirir una segunda vivienda.

La estrategia detrás del modelo
El resurgimiento de este crédito responde a la visión macroeconómica del ministro de Economía, Luis Caputo. El objetivo central es incentivar que los dólares atesorados fuera del sistema financiero (el “colchón”) ingresen a la economía real, específicamente al mercado inmobiliario, funcionando como un puente para quienes ya poseen parte del capital en divisas.
Actualmente, la estabilidad del tipo de cambio se apoya en tres pilares:
- La liquidación de exportaciones del agro.
- El crecimiento de sectores extractivos como la minería, el gas y el petróleo.
- La emisión de obligaciones negociables por parte de empresas privadas.
Dólares vs. UVA: el dilema del tomador
En el escenario actual, los créditos en dólares conviven con los créditos UVA (ajustados por inflación). Mientras que los UVA tienen tasas nominales más bajas (entre el 5% y 10%), su capital se ajusta por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que hoy crece por encima del dólar.
Si bien en el corto plazo el crédito en dólares puede parecer menos oneroso debido a la relativa calma cambiaria, Veritier advierte que el riesgo a largo plazo es significativamente mayor.
Una economía de “sábana corta”
El lanzamiento de estos créditos ocurre en un contexto de “estanflación sectorial”. La economía argentina se encuentra partida: por un lado, los sectores exportadores (minería, energía, agro) muestran gran dinamismo; por el otro, el comercio, la industria y la construcción sufren una fase contractiva debido a las altas tasas de interés y la pérdida del poder adquisitivo.
El Gobierno enfrenta así el dilema de la “sábana corta”: mantener tasas altas para contener una inflación que el mercado proyecta en 35,7% anual, o bajarlas para reactivar el consumo interno a riesgo de fogonear los precios. En este equilibrio precario, el crédito en dólares aparece como una apuesta para dinamizar la propiedad privada sin comprometer, por ahora, las metas de emisión.




