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Lucía Fainboim: “Las plataformas buscan colonizar a las infancias”

Lucía Fainboim advierte sobre el impacto de las plataformas en las infancias y propone recuperar presencia adulta frente al consumo digital.

Revista OCIO·7 de ene de 2026
Lucía Fainboim: “Las plataformas buscan colonizar a las infancias”

Por Mariana Otero

Las infancias se convirtieron en uno de los últimos territorios en disputa del capitalismo de plataformas. Así lo plantea Lucía Fainboim, especialista en ciudadanía digital, fundadora de Bienestar Digital y autora de Cuidar las infancias en la era digital, quien desde hace más de 15 años investiga el vínculo entre niños, adolescentes y pantallas.

Para Fainboim, las plataformas están diseñadas para subordinar el tiempo infantil -lento, improductivo, errático- a la lógica del rendimiento, el consumo y la captura permanente de la atención. “La infancia propone otros modos de estar en el mundo: el juego sin finalidad, el aburrimiento fértil, la demanda de presencia adulta. Eso resulta incómodo para un sistema que necesita optimizar cada segundo”, sostiene.

El acceso temprano y sin mediación a las pantallas, advierte, ya muestra consecuencias visibles. En la primera infancia aparecen retrasos en el lenguaje, empobrecimiento del juego simbólico y dificultades motrices. En la adolescencia, en cambio, predominan la ansiedad, la fragmentación de la atención, los problemas de sueño y una creciente tendencia al autodiagnóstico emocional a partir de contenidos de redes sociales.

Pantallas, adultos y autoridad

Uno de los puntos centrales de su análisis es el rol de los adultos. Fainboim señala que la hiperconectividad adulta erosiona la autoridad como referencia: cuando padres y madres están presentes físicamente, pero ausentes psíquicamente, los chicos aprenden que para ser vistos deben competir con la pantalla. El problema, aclara, no es sólo educativo, sino profundamente vincular.

Límites como forma de cuidado

Lejos de proponer prohibiciones aisladas, la especialista plantea la necesidad de estrategias de “contrapeso”: juego libre, deportes, hobbies improductivos y rituales de desconexión. También insiste en la importancia de sostener límites claros y coherentes. “La autorregulación no es un punto de partida, es una conquista. Pretender que niños y adolescentes se regulen solos frente a dispositivos diseñados para capturar atención es injusto”, afirma.

En ese marco, recuperar la función adulta como reguladora externa no es autoritarismo, sino cuidado. Explicar los límites, tolerar el conflicto y revisar las propias prácticas digitales son, para Fainboim, pasos indispensables para proteger el derecho de niños y adolescentes a una infancia con tiempo, cuerpo y vínculos.

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